martes, 7 de febrero de 2012

¡Marchando una de gambas!



El pasado fin de semana comparecí ante la barra del restaurante-marisquería Sanxenxo, en la calle Ortega y Gasset de Madrid, sin más pretensión que la de tomar, antes de cenar en casita, un par de Albariños de los que se crían en barrica de madera.

Me acodé en la barra a tiempo de presenciar la llegada de un señor, con marcado acento mexicano, que se acomodó en una mesita cercana a mi banqueta de altas patas.

Escuché que el señor de allende los mares, entre otras viandas que no vienen a cuento, pidió unas gambas blancas y una botella de vino blanco de uva verdejo. Aprovecho la ocasión para expresar mi rechazo a la gran mayoría de los blancos con origen en la denominación de Rueda, que son buena parte de los caldos que se elaboran por esos pagos. De la uva verdejo no me gusta ni su aroma, excesivamente perfumado, ni su ácido paladar ni que te metan su vino, por narices, en todas y cada una de las barras de Madrid.

Terminado su yantar, oigo que el señor “mexiquense” (neologismo con función de gentilicio que ahora es usado con frecuencia en los periódicos de México), al proceder a pagar la cuenta, entabla un vivo debate con el camarero de turno.

Pego el oído y resumo para ustedes:

-En la carta se expresa “gambas blancas grandes 100 gramos…18 euros”; y en la cuenta pretenden ustedes cobrarme 36 euros por mis gambas ¿Cómo se explica este error?, pregunta el cliente.

El camarero responde:

-Pues…la cosa está bien clara. En la carta se explica que los 18 euros son por cada 100 gramos y usted ha consumido 200 gramos, que es lo que pesan las ocho gambas que integran una ración en este establecimiento.

Ahorro a ustedes, queridos lectores, el resto del forcejeo dialéctico, incluída la petición, no atendida, por parte del cliente, a fin de que compareciese el gerente del restaurante. Diré solamente que el señor se marchó enfurruñado, después de abonar la factura y de aseverar que no volvería jamás al restaurante Sanxenxo.

Balzac dijo que las barras de los bares son el Parlamento del pueblo. Y yo me erijo en juez y emito este veredicto, a manera de conclusiones de imparcial testigo:

Ambas partes, cliente y camarero, guardaron finalmente las formas, si bien incurrieron en riesgo cierto de perderlas.

El cliente ocasional insistió, quizás en exceso, en su reclamación.

Por el contrario, el camarero estuvo falto de tablas; hubiera quitado hierro a la situación alguna frase diplomática y convencional en hostelería; por ejemplo “lamento que la carta le haya inducido a error a usted” o “comunicaré a la Dirección su malestar”. Y, mejor aún, formular el clásico y balsámico ofrecimiento del tipo de “¿desea el señor tomar alguna copita de parte de la casa?”

Finalmente me pregunto y pregunto urbi et orbi: ¿es equitativo y razonable cobrar 36 euros por 8 gambas cocidas? ¿a cuántas pesetas sale cada gamba? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos?

14 comentarios:

  1. Divertido suceso, con reflexión necesaria.

    Un agradable acontecimiento, enviarte un saludo, Manuel!

    ResponderEliminar
  2. Vengo aquí de la mano de Susi de la Torre. Genial tu entrada, de las que a mí me gustan.
    Y esa frase de Balzac, antológica.
    Un brindis por una buena cena.
    Hasta cuando gustes pasarte por Tiflohomero.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. A mí no me hubiera pasado porque no me gustan las gambas pero, de haberse dado el caso, no hubiera protestado, sobra con no volver.

    Y, en cuanto a blancos, donde esté un Chablis helado que se quite todo lo demás.

    Besos

    ResponderEliminar
  4. El precio, en efecto, no me resulta razonable. Pero tampoco considero lógica la costumbre que parecen haber desarrollado muchas personas de tomar decisiones, incluso importantes, sin leerse no ya la letra pequeña, sino ni siquiera la grande. Si los precios de un local no me convencen, sencillamente me voy a otro. Creo que hay causas bastante más trascendentales en las que gastar mis energías manifestando públicamente mi disgusto. Pero, obviamente, como decía Serrat, cada quien es cada cual... Besos.

    ResponderEliminar
  5. Amigo Manuel,

    ...quizá cobraron el "label"... y no precisamente de angulas!!!!

    Un abrazo

    Maite

    ResponderEliminar
  6. Una buena anectoda para contar...jajaj
    La verdad es que no se sí las gambas tenían música o qué, pero vamos yo miro la carta y no se me ocurre pedir ni agua...De todos modos, debemos leer mejor y preguntar y una vez metida la pata, pues a pagar y a marcharnos como señores...Y de regresar ni se habla...Se sobreentiende...
    Un saludo

    ResponderEliminar
  7. ¡Machacando una de gambas! si señor al señor mejicano...le metieron una de gambas y se le atragantaron bien... porque estaban los frutos del mar vivitas y coleando antes de cocerlas y eso se paga,jajaa.

    Un brindis por ti y por mi, a nuestra salud...

    Recibe un fraternal abrazo de MA amigo mio.

    El blog de MA.

    ResponderEliminar
  8. Respondo a tus tres preguntas.
    ¡No somos nada!
    Venimos de lejos
    Vamos hacia atrás

    Buena y diplomática tu sugerencia, una pequeña invitación hubiera limado asperezas. Razonables no son las 750 pesetas por gamba. Espero que al menos fueran de Ayamonte.
    Besos Manuel.

    ResponderEliminar
  9. Le recomiendo a ese señor mexicano que dirija sus pasos hacia la sureña provincia de Huelva y podrá ponerse de gambas hasta que no pueda mas, es muy barato. Y como siempre señor escritor, de lujo son sus relatos.

    ResponderEliminar
  10. Es un placer leer sus escritos, nada mas.

    ResponderEliminar
  11. El señor mexicano puede dirigirse a la sureña provincia de Huelva y se hartara de gambas por poco dinero. Por otro lado, siempre es un placer leer sus relatos que tanto me divierten.

    ResponderEliminar
  12. El señor mexicano puede dirigirse a la sureña provincia de Huelva y se hartara de gambas por poco dinero. Por otro lado, siempre es un placer leer sus relatos que tanto me divierten.

    ResponderEliminar
  13. Cuando entras en un sitio ya sabes si te van a tomar el pelo con los precios o no; cada cual que apechugue con sus decisiones...

    La verdad, nunca he entendido cómo puede haber restaurantes que cobren esa barbaridad y gente que la pague, habiendo gente alrededor que las está pasando canutas para dar un plato de sopa a sus hijos...

    Un beso rebeldón ( o dos).

    ResponderEliminar
  14. Fui a buscar qué eran las gambas (para nosotros son las piernas ) y me entero de que son los que llamamos camarones y langostinos. Mamá los ponía siempre en la ensalada rusa para Navidad (en mi infancia eran bastante caros) y yo ahora los uso para el arroz con mariscos. Tal vez si tu señor mejicano (en Argentina escribimos Méjico con j, no con x) hubiese sabido la información que sigue, no hubiera protestado...más aún pensando que él consumió 200 gramos.De todos modos,coincido en que hay restauranes y restauranes, para todos los gustos y para casi todos los bolsillos.
    Muy bueno el texto Manuel María; un placer leerte como siempre. Un beso, hermano en letras. Haydée

    "Las gambas son un alimento rico en proteínas, vitaminas y minerales, así como bajo en grasas. Los niveles proteínicos que se pueden encontrar en su organismo alcanzan los 21 gramos de cada 100 de porción comestible, su valor energético es muy bajo, apenas del 2 al 5% de grasa, proporcionando entre 65 y 105 calorías (dependiendo de la variedad) cada 100 gramos.

    Los grupos de vitaminas que aportan las gambas son principalmente B y E, mientras que entre los minerales destacan el fósforo, calcio y hierro."

    ResponderEliminar

Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.