sábado, 18 de junio de 2011

Los Cipreses (capítulo quinto)





La vida que llevábamos en Los Cipreses era anárquica. Mi padre siempre nos dejó libertad de horarios. Nos acostábamos a las dos o tres de la madrugada y nos levantábamos a mediodía. En raras ocasiones yo ponía el despertador para, al tiempo de salir el sol, cazar pajaritos con escopeta de aire comprimido. En la familia se consideraba el sueño sagrado. Dormir y soñar son preludios de la muerte. Y no se debe despertar, en vano, a un muerto. A un muerto futuro, en potencia. El emperador estoico escribió algo así como que "somos un alma que sostiene un cadáver". ¡Ele, qué alegría!

No había tareas obligatorias. Ni piscina o alberca apta para bañarse. Tampoco pista de tenis. Ni deberes del colegio, pues entre los hermanos no había suspensos, si dejamos aparte a José Ignacio, de quien mi padre sentenció que “no se regía por el sistema métrico decimal”. Los estudios de las hembras no contaban. Mi padre creía que estudiar era cosa de hombres. En el caso de mis tres hermanas la teoría de mi padre no ha producido “daños colaterales”. Las tres llevan una vida plena, “se han realizado” como se dice ,cursimente, ahora, y no han necesitado de título alguno. Pero dudo mucho de que hogaño semejante hipótesis paterna pueda sostenerse. Cosa distinta es que la vida de ahora demuestre cuán difícil resulta, injustamente, compaginar maternidad y ciertos trabajos profesionales competitivos a cara de perro.

Tan inexistentes eran las ocupaciones impuestas o programadas, que pasaron muchas vacaciones antes de que alguien me llevara a visitar la Alhambra. ¡Y yo que día sí y día también veía la fortaleza y palacio árabe perenne e imponente, debajo de las nieves perpetuas del Mulhacén y del Veleta, desde la hermosa y sonriente y enorme terraza de mi habitación!

Es verdad que una vez fui con mis padres al balneario de Lanjarón, pueblo de la Alpujarra de Granada en el que estudió mi madre de niña, en un internado donde coincidió con la hija de un amigo de mi padre, quien hizo gran fortuna con negocios de suministros de combustibles como arrendatario de Campsa. Doña Trini se casó, por aquello de que el dinero llama al dinero, con un hijo de un viejo banquero y minero asturiano. El viaje a Lanjarón fue un suplicio porque yo me mareo en coche y las curvas de la carretera eran muchas y de muchos grados. En algún sitio debe estar la foto de aquel viaje. En ella se ve a un crío ojeroso y pálido (pues la palidez también se aprecia en blanco y negro) al borde de infame carretera, arropado por el guardapolvos de Miguel el chófer, y con su gorra de plato bien calada y con pinta de haber vomitado tres minutos antes.

15 comentarios:

  1. ¡Qué bien sabes hacerlo!, eres tan bueno contando la cotidianidad de cuando todo era fácil.

    Oye y una cosita: "¿los pajaritos no te daban pena como el ratón?".

    Besos

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  2. Muchas personas no recuerdan su origen y, quien no lo sabe, ignora quién es y quién será...¡Vaya rollo te acabo de endosar, a ti, que eres como un canasto de rosas...¡Gracias!
    Dale que dale: los ratoncitos son mamíferos de sangre caliente, como usted y como yo. Los gorriones y los verderones son aves de sangre fría, amén de comestibles ¡Anda que no te habrás "jamado" tú pajaritos en tu corta vida! Un abrazo en el recuerdo.

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  3. Hola Manuel me he hartao de cipreses y aún me ha quedado hueco para más lo espero con impaciencia mientras me disculpo por mi larga ausencia
    Un beso

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  4. Me traes recuerdos de mis viajes a Lanjarón, en aquel seiscientos.

    Un beso

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  5. ¡Gracias, querida Pilar! ¡Qué "joía" carreterita! Un abrazo

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  6. Eres inconmensurable poniendo en palabras el reflejo de tus recuerdos.
    Me entusiasmas solo, imagigina, cuando escribes!
    Un beso entre recuerdos.

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  7. Has pasado la cámara por lo cotidiano, con maestría, un relato magnífico, te felicito.
    Salud
    Francesc Cornadó

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  8. María, cuando pasas por aquí, toda el alma se me alegra y te besa...

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  9. Pues...¡Mil gracias y larga vida para Francesc!

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  10. Bueno creo que ayer deje comentario tras darme un atracón de cipreses, pero como con las gominolas, contigo nunca tengo bastante...
    Un beso

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  11. Yo tenía tareas obligatorias con “Mi libro de vacaciones”, unas fichas de deberes escolares de las que no me libré ninguna mañana de verano. De nada sirvieron mis protestas.
    No era mentalidad de tu padre sino de los tiempos, considerar al hombre como único factor de progreso. La mujer no debía desperdiciar su energía en tareas intelectuales, decían y nos “vendieron la moto” de la liberalización, vaya encerrona.
    Buen día Manuel

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  12. ¡Vaya, vaya con la metafórica comparación gominolística! ¡Qué guasa tiene mi niña 40añera!

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  13. ¡Gracias, mi querida Loli! La Iglesia, las iglesias, también tienen su buena responsabilidad en la consideración de la mujer como ser do otra condición. De hecho, hoy, no podéis ser sacerdotes...

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  14. Fe de erratas:
    Donde puse "do", debe leerse "de".

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  15. Algunas memorias también son en blanco y negro. Son los extremos necesarios para la escala de grises, lo que resulta en sombra de luces y/o viceversa.

    Podría dejar de leer, pero no quiero. Vine hoy a quedarme un buen rato por aquí, un rato largo.

    Sé que llevo dos o tres comentarios, eso puede resultar en saturarte un poco. Mejor no me preocupo y sigo, pues tú has de preocuparte por lo que te preocupa a ti y yo continuar interesada en seguir leyendo y comentando, pues estoy aquí para disfrutar tus letras como antes no lo había hecho. Hoy toca Venezia, pero puede que más adelante toque otro de tus blogs...

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!

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