viernes, 29 de octubre de 2010

EL HOMBRE DEL TORO


( foto Getty/ Christopher Furlong )

Lluvia y frío. El encargado de Linogar, tienda de ropa para la casa, me para por la calle:
− Don Manuel, hace mucho que no vemos a su mujer por la tienda.
Sonrío:
−Es natural. Tampoco yo la veo por casa. Hace tiempo que me dejó. ¿Cómo van las ventas?
Me dice:
− Regular. Era mejor local el anterior, el de la esquina de frente por frente.
Sigue el hombre con sus cavilaciones. Me mira hondo y suelta:
− De todas formas, a mí lo que me gusta es el toro.
Me quedo de muestra, cual perro perdiguero:
− ¿El toro?
Sigue:
− Si, Don Manuel. Soy mozo de espadas.
Me enseña su carné profesional del sindicato correspondiente. No me cuesta mostrar curiosidad:
− ¿Lleva ahora a algún matador? Inmediatamente me doy cuenta de que he confundido los oficios de mozo de espadas y de apoderado. Pero ya no tenía arreglo.
Sigue el hombre del toro:
− Claro, estoy con zutanito, un chico de Salamanca que promete. El domingo toreamos en Almagro.
Le doy la mano y deseo suerte. Se despide:
− Estoy loco por dejar la tienda. A mí lo que me gusta es el toro. ¡Ah!...cuando se empareje usted de nuevo, no deje de recomendar a ella mi establecimiento.

10 comentarios:

  1. El dolor del otro raramente deja de ser una anécdota que nos permite contar lo que nos pesa en el alma.

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  2. Me haces reír.
    Tus diálogos son rítmicos y con ese punto socarrón que nada entre el recuerdo y lo estricto.
    Mil facetas de un hombre que jamás deja conocer la mil... una.
    Besos divertidos y afectivos.

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  3. Buen relato amigo , la afición taurina o el arte de torear de la época en cuestión, era de una fiebre torrera única en nuestra España querida.
    Casi todos los jóvenes querían ser torreros , toros , fama, mujeres, dinero.
    El hombre y el toro, todo un mundo artístico para salir de la pobreza y llegar a ser grandes toreros.

    A mi no me gusta que le hagan sufrir a los animales y los toros sufren un calvario en el arte de torear.

    Desde aquí con tu permiso.

    No al maltrato animal.

    Gracias.

    Un abrazo de MA para ti, estimado Manuel.

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  4. Amiga Pilar, cual toro negro, la negra pena nos sigue y nos persigue
    ¡Hacer de don Tancredo! ¡Gracias!

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  5. María ¡si soy más transparente que un teólogo bizantino! Besos aplicados.

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  6. Querida MA: Estoy absolutamente en contra de las corridas de toros, Todos los argumentos a favor son puras falacias. Abrazos

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  7. Polémico tema ese de los toros. Cada uno tiene sus razones, y la oposión, aunque parezca insólito, sostiene la posición. Unos dirán que no y otros que sí, y el paralelismo continuará intacto como está. Si dejan de hacerse en España las corridas, este remanente del circo romano, seguirá en otros lugares del mundo, porque es lo que hay. Parece muy pasivo lo que expreso, pero bueno, como cada uno tiene su razón, tanto que lucha como el que no, la defenderá. La mía es que este problema parece el cuento de nunca acabar y me aburro (aunque el toro lo que haga es sufrir) de pensar en algo que parece que no tendrá remedio a pesar de todo lo que se luche o se haya luchado. Cada uno lo ve desde su punto de vista.

    No dejes de recomendarle la tienda a tu siguiente mujer...parece buen vendedor el señor este. No creo que daba cambiar de profesión.

    Un beso,

    Andri

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  8. Tus textos tienen una ironía que me gusta.
    Te leeré.

    Un abrazo

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  9. Un buen símil el del toro para hablar de la vida cuando embiste. O bien nos mata o nos deja malheridos, en cuyo caso con toda su herida sólo queda una cicatriz que viene a recordarnos que nos hizo fuertes.
    Buen día Manuel, allá donde estés, yo acabo de llegar de viaje.

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  10. Agradezco a Mercedes su generoso comentario. Un pellizco de ironía, puede sustituir con ventaja a unos puñados de sal gorda...
    Aguardo impaciente tus visitas, que corresponderé en tu precioso blog.

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!

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